Sunset Boulevard. Billy Wilder, 1950. Este fin de semana la he vuelto a ver y he confirmado que el paso del tiempo no la ha tocado . Sigue siendo magistral, apabullante y, para mí, la manera más cercana de cumplir mi sueño imposible de viajar al Hollywood dorado. Hasta tal punto es así que cuando termina la película tengo que vencer la resistencia a regresar al espacio/tiempo de mi existencia. Cada vez toma más cuerpo en mi cabeza la idea de montar un altarcito ateo con mi olimpo de dioses y sus obras, que hacen del mundo un lugar de belleza que merece ser vivido. Un rinconcito en el que poder refugiarme cuando los monstruos quieran arrastrarme a un pozo de oscuridad y en el que estar a salvo al asegurarme de que ese universo maravilloso sigue ahí para mí y para siempre.