Euphoria

Empece a ver Euphoria en HBO, atosigada por uno de esos tropecientos titulares con los que te encuentras cada día del tipo «Las 10 series imprescindibles que no puedes dejar de ver en los próximos quince minutos». Ni siquiera miré de qué iba (no fuera a quitarle tiempo a otra de las 9 imprescindibles 😉). Si lo hubiera hecho, probablemente no la habría visto: adolescentes, drogas. sexo, adicciones… ¡Uff, qué pereza! Otra más. Pero Euphoria no es otra más. Cuando vi el primer capítulo hice una publicación en Instagram en la que únicamente decía dos cosas: la primera -que sigo manteniendo, aunque no voy a profundizar en ello- es que me parece impensable una serie así en España. De la segunda, una recomendación a los padres de hijos adolescentes para que se ahorraran el sufrimiento y no vieran la serie, hablaré más adelante. En primer lugar, he de decir que me gustan las historias que abordan la adolescencia como un mundo chungo, con más sombras que luces, lleno de miedos e inseguridades, una jungla en la que tienes que pelear duro para buscarte tu lugar en el mundo. El primer ejemplo que me viene a la cabeza es Twin Peaks: en el mundo de los adultos Laura Palmer es esa chica preciosa, dulce y feliz que sonríe deslumbrante en el retrato que su madre exhibe en su casa. La realidad de la vida de Laura Palmer y sus amigos , que se irá descubriendo tras su muerte, dista mucho de la idílica imagen del retrato: es oscura, triste, sórdida… Como yo lo veo, el mundo de los adolescentes es una especie de canal subterráneo que discurre paralelo al de los adultos pero que nunca se encuentran. Viven en mundos distintos y por definición adultos y adolescentes no se entienden. Así son las cosas, o así las veo yo al menos. Bueno, a veces se producen «fugas» del mundo de los adultos al de los adolescentes pero siempre para joderlo más. Curiosamente tanto en Twin Peaks como en Euphoria se produce alguna de esas «fugas» indeseables. Los adolescentes de Twin Peaks son muy distintos de los de Euphoria. Esta es un retrato valiente, descarado y sin remilgos de la generación Z . Sí, esto es lo que hay: sexo, sí mucho sexo; drogas, sí muchas drogas; y también desubicación, desolación y tristeza, mucha tristeza. Y además, amistad, amor y mucha purpurina que combina muy bien con las lágrimas. Euphoria aligera también el relato con sentido del humor y se arropa de una música excelente (incluida Rosalía). Terminas empatizando con todas las chicas a las que te dan ganas de abrazar y dar un poco de calorcito (lo de los tíos ya es otro cantar). Y por último, un final de estos que te descolocan y que prometen nueva temporada. En definitiva, si tienes tendencia a hacer comentarios del tipo «¿de verdad que esto está pasando en los institutos de hoy en día?», mejor no la veas. Si te incomoda el avistamiento frecuente de penes, tampoco te la aconsejo. Y, por último, después de haberla visto entera, ¿recomendaría verla a los padres de hijos adolescentes? Pues esto es como en Matrix. Tú decides: ¿Qué pastilla prefieres tomar?

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