Hace unos días vi Proxima, de Alicia Winocour, una producción franco-alemana, protagonizada por Eva Green y Matt Dillon. Compite en la sección oficial de la 67 edición del Festival de San Sebastián. La película cosechó un aplauso tremendo y entusiasta del público. Yo lo escuchaba estupefacta e irritada porque me parece que la película hace un flaco favor a la causa feminista, aunque su pretensión es precisamente la contraria. Veamos: Eva Green (Sarah), es una astronauta francesa, separada, que vive sola con su hija de 7 años y que es elegida para formar parte de la tripulación de una misión espacial que durará un año. Obviamente, tiene un problema: si se va un año al espacio tendrá que dejar a su hija con su ex marido y es una decisión dura, que incluso puede hacer que se sienta culpable. Pero si el astronauta fuera un hombre separado que vive solo con su hija pequeña y se fuera a ir un año al espacio tendría los mismos problemas y sentimientos que Sarah, a no ser que fuera un desalmado. Así que no veo yo ,en este punto, que Sarah tenga más problemas que un hombre. En otros aspectos sí: es verdad que Sarah tiene que lidiar con los prejuicios machistas de Matt Dillon, otro de los miembros de la tripulación. Aquí nada que objetar. Pero resulta que toda la película va sobre los problemas emocionales que sufre Sarah por tener que separarse de su hija, que, por cierto, como es lógico, no está muy contenta con la decisión de su madre. (Lo mismo le pasaría, digo yo, si el que la dejara sola fuera su padre astronauta). Y ahora viene lo bueno. Cómo Sarah está tan acuciada por el sentimiento de culpa hace cosas tan irresponsables como llevarse a su hija a una reunión con el resto de la tripulación, en la que se tratan temas tan banales -modo irónico on- como el procedimiento para salir de la cápsula en la reentrada y está más pendiente de su hija que de lo que dicen sus compañeros. Y lo que ya es de traca es que la última noche antes de la misión se salta la cuarentena, a la que están sometidos todos los miembros de la tripulación, para ir a ver a su hija; actitud irresponsable donde las haya que puede hacer peligrar el éxito de la misión. Y un último motivo de irritación: Sara enseña las tetas tres veces a lo largo de la película y, al menos la última, sin ninguna otra justificación, entiendo yo, que enseñarnos lo buena que está. No sé si vais entendiendo mi cabreo. En fin, el mensaje que yo recibo es: si eres mujer no es buena idea que te plantees ser astronauta porque vas a ser incapaz de controlar tus emociones y no vas a poder soportar la presión de abandonar a tus seres queridos por un largo periodo de tiempo. Vamos, un mensaje feminista de la leche. Pues nada, el público aplaudía a rabiar y la directora más ancha que larga. En fin, debe ser que yo vi otra peli.

Deja un comentario