Ayer se proyectó en la sede de la Academia de Cine Diecisiete, el regreso, tras seis años de ausencia, de Daniel Sánchez Arévalo. No había leído nada de la película antes de verla. Así que lo primero que debo decir de ella es que me sorprendió. La película me enganchó desde el principio, es pura emoción, pero mientras la veía me preguntaba: ¿cómo es posible que alguien vea que va a funcionar una historia que sobre el papel resulta tan disparatada, sin caras conocidas en el reparto, y que al mismo tiempo es una historia sencilla, casi naif y nada cool? ¿Una road movie con dos hermanos, uno de ellos asocial, casi autista, que se escapa de un centro de menores en busca del perro con el que ha estado haciendo terapia, con su hermano mayor, una abuela moribunda a la que sacan de la residencia para llevarla a morir al pueblo y un perro de tres patas que roban de la perrera? Rocambolesco ¿no? Pues funciona, y sobre todo emociona. Es una película bonita, tierna y conmovedora. Como toda road movie es un viaje emocional de aprendizaje y crecimiento y de recuentro físico y afectivo de dos hermanos. La historia está contada con el alma al aire, con sentido de humor y una sensibilidad especial. Cuando en el coloquio posterior a la proyección, con el director y los dos actores protagonistas, he visto y escuchado a Daniel Sánchez Arévalo lo he comprendido todo. Y es que Sánchez Arévalo es la imagen misma de la hipersensibilidad, la sinceridad, la emoción y la ausencia absoluta de impostura. Sólo alguien así es capaz de transformar una historia aparentemente estrambótica en una película tan emotiva, hermosa y sincera. Por cierto, los dos hermanos protagonistas (Biel Montoro y Nacho Sánchez) están estupendos. La película, que es una producción de Netflix, se estrena en salas el 4 de octubre y en la plataforma el 18 del mismo mes ¡Como se agradece a veces una película tan sencilla y cargada de buenos sentimientos ante tanta pretenciosidad, impostura y artificio! Será cosa mía pero es que ¡me he tragado cada perla en el Festival de San Sebastián!. Os dejo una foto de Daniel Sánchez Arévalo en el coloquio.