Lo que arde

Fui a ver Lo que arde animada por las críticas entusiastas, su nominación a mejor película en los Goya y varias recomendaciones personales. Así que mis expectativas eran muy altas. Quizás por eso mi planchazo fue tan grande.

Puedo aceptar en el cine un ritmo lento, incluso muy lento. También puedo tolerar los silencios y los diálogos pausados y escasos. A veces la historia fluye con esa cadencia y es perfecto que así sea. Aprecio las películas en que la historia se cuenta con una gran potencia visual porque el cine es fundamentalmente imagen. Y, por supuesto, no soy inmune a la poesía visual. Me gusta Mullholand Drive de David Lynch, en la que lo que prima no es la historia sino la atmósfera onírica y el turbio desasosiego que genera en el espectador. En general, me gusta el cine de David Lynch, por muy marcianas que sean sus películas, porque no hay impostura. Él es así.

Lo que ya no llevo de tan buen grado es que el ritmo lento, los silencios y los diálogos pausados carezcan de justificación o sean directamente artificiosos y antinaturales. (Por ejemplo, no me parece natural, por muy gallegos que sean los personajes, que un señor llegue a su casa después de haber pasado un tiempecito en la trena, vea a su madre, le diga “hola mamá” y está, sin moverse de donde está, trabajando en el campo, ni siquiera se acerque a él y tras un silencio sin sentido, le pregunte si tiene hambre). En cualquier caso, todo ello sería un problema menor si al final me contaran una historia. Humildemente, creo que de eso va el cine, de contar historias. Pero Lo que arde NO CUENTA NINGUNA HISTORIA. Amador Arias, el protagonista, condenado por provocar un incendio, sale de la cárcel, vuelve a casa de su madre y al final de la película hay otro incendio, no se sabe si provocado o no, ni, en su caso, por quién. Fin de la peli. Entretanto vemos maravillosos paisajes del campo gallego, una cierta desconfianza hacia Amador en sus vecinos, un entierro de un señor del pueblo, diálogos insustanciales y penosos entre la madre y el hijo -parece que les cuesta un triunfo abrir la boca-, una vaca que se queda atrapada en una charca y tiene que ser tratada por la veterinaria , un incendio al final con hermosas imágenes del crepitar del fuego y una agresión a Amador por un vecino que le cree el responsable. Nada más. Al final de la película sabemos de Amador lo mismo que al principio: que fue condenado por provocar un incendio. En ningún momento se nos cuenta nada sobre si lo hizo o no lo hizo, el porqué, qué le pasa a Amador, si se ve impelido a provocar el segundo incendio. Nada, repito. ¿Dónde está la historia? No hay historia. Y lo que más me molesta de todo es que la película pretende contener un mensaje, que debe estar encriptado, y que yo no entiendo porque soy medio lela. De hecho, ayer cuando publiqué en Instagram mi primera impresión de perplejidad sobre la película recibí un mensaje insolente que transcribo literalmente: “si no ves la historia es tu problema“. Le dije que me la explicase ella, pero todavía estoy esperando. En fin, debería haber desconfiado de que los protagonistas no fueran actores profesionales (Alguna vez me gustaría que me explicasen qué es eso de actores no profesionales. ¿Significa que son actores aficionados o significa que no son actores?) En cualquier caso me parece una práctica peligrosa y poco recomendable. Imaginaos que se extendiese a otros oficios y empezasen a dirigir películas directores aficionados o directamente “no directores” o que, por ejemplo, se encargase de la dirección de fotografía mi primo de Alicante, que hace unas fotos cojonudas de sus vacaciones en Asturias. Un despropósito ¿no? Llamadme antigua pero para mí el cine es un arte en el que se cuentan historias con la ayuda de unos profesionales que se llaman actores. En definitiva, que todo me parece impostura y postureo pseudopoético de lo más irritante.

Por último, quisiera mencionar un detalle que no me atrevo a calificar para no herir sensibilidades: en el listado de agradecimientos de los títulos de crédito aparecen en primer lugar las vacas y el perro, con sus nombres propios, claro. No digo más.

6 comentarios en “Lo que arde

  1. Vuelve a verla. No me creo q no hayas captado la historia. O las historias. Una va de prejuicios y de imposibilidad de redención. Él vuelve a su aldea después de cumplir condena pero los prejuicios sobre él son un obstaculo imposible para su resocialización. Otra va de amor incondicional. El de madre a hijo. Tb el amor a los animales, a la tierra, a la naturaleza, a la propia casa. Tb hay una historia político-social. Es la desaparición de una forma de vida rural que intenta vanamente adaptarse a los nuevos tiempos. Y lo bueno es que el director no moraliza, no cae en clichés, ni en diálogos pedantes, ni en imágenes pretenciosas. Apenas esboza las historias y deja que reflexione el espectador sobre lo que va exponiendo. Y por cierto, que tu madre te pregunte si tienes hambre cuando te ve es la pregunta típica de cualquier madre gallega a sus hijos en cuanto los ve.

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    1. Agradezco tu comentario y ciertamente creo que Oliver Laxe tiene mucha suerte de contar con espectadores como tú que son capaces de extraer tantas reflexiones interesantes de su película pero, en mi opinión, todos esos temas que mencionas son recreaciones que has elaborado a partir de la película pero que no están en ella. En cuanto a la pregunta de la madre me parece razonable lo que dices en una situación de normalidad pero no si lleva un buen tiempo sin verlo como parece que es el caso. Es obvio que nuestra lectura de la película no coincide. En cualquier caso, reitero mi agradecimiento por tus comentarios pero no puedo seguir tu consejo de volver a verla . Con una vez me ha sobrado

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  2. Todo está en la película. Estamos acostumbrados a q nos lo den todo masticado. Igual por eso tú no has visto las historias q encierra esta peli. Pero si te extraña el “¿tes fame?” de Benedicta a Amador, posiblemente no sea película para ti. Gracias por tu respuesta, en todo caso.

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    1. Pues no es mi caso, la verdad. Afortunadamente, no necesito que me subrayen las frases para leerlas. Me basta con que estén escritas. En todo caso tienes razón en que no es película para mí. Es lo que digo en mi reseña. De nuevo gracias por tus comentarios.

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    2. Nada tengo en contra de que a algunos les guste sentirse poseedores de un conocimiento arcano indescifrable para las mentes sublunares: con su pan se lo coman.
      Yo que pasé los primeros treinta años de mi vida a orillas del Bibey, encontré en esta película una nueva idealización del mundo rural gallego que complace a muchos gallegos y embelesa a los de fuera (pocas patatas recogieron) pero que se parece poco a la tierra que conozco.
      No es esta señora la primera actriz – no actriz- que encarna un personaje en la historia del cine y muchas veces ha sido buena idea. Sería interesante saber que porcentaje de trabajo actoral y que de trabajo de director han configurado las interpretaciones de muchos y premiados actores profesionales. En este caso, esta película, en mi molesta opinión, no pasa de ser un trabajo fin de carrera de un adolescente (Ignoro la edad del paisano) alucinado con Tarkovsky y puede que con Bresson. En mis tiempos entre los cinéfilos cuando alguien era muy pesado se le decía: ¡Tio, eres mas coñazo que Solaris! esta película nos da la oportunidad de actualizar el dicho.

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      1. No sabes cuanto agradezco tu comentario. Hasta ahora, y por razones que se me escapan, sólo había tenido reacciones airadas y furiosas por decir que no me gusta la película y que lo que hace Benedicta Sánchez no es una interpretación que merezca una nominación. Hasta me han insultado. En fin, me alegro de no ser la única en el mundo mundial que ha visto que el emperador va desnudo.

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